Los recursos poéticos – Primera parte

La lengua cuenta con una cantidad de recursos que sirven para dotarla de mayor expresividad. Son los llamados recursos poéticos, aunque no se los utiliza únicamente en poemas sino también en la prosa. Las distintas épocas de la literatura, los distintos autores, géneros, movimientos y corrientes literarias se han inclinado por uno u otro. Algunos hoy pueden sonarnos algo gastados, algunos nos chocan. Pero cada uno de estos recursos ha servido en algún momento para dotar de mayor expresividad a una obra literaria.
Hay recursos poéticos que se apoyan en el sonido de las palabras, otros en la sintaxis y otras en su significado. Veremos algunos de los más frecuentes, acompañados de algunos ejemplos.

Recursos basados en el sonido

Aliteración: Consiste en acumular palabras que comiencen con la misma letra. Es un recurso muy común en inglés, muchos personajes del cine y la televisión tienen nombres que contienen aliteraciones –piénsese en Bugs Bunny, Mickey Mouse o Peter Pan-. Pero también hay algunos ejemplos en español:

- Platero es pequeño, peludo y suave.
(Juan Ramón Jiménez).

Anáfora: Consiste en repetir una frase al comienzo de los versos de un poema.

- No perdono a la muerte enamorada
No perdono a la vida desatenta,
No perdono a la tierra ni a la nada.
(Miguel Hernández)

Asonancia: Es un tipo de rima en la cual no coinciden los sonidos de las consonantes, pero sí los de las vocales.

- En Valencia estaba el Cid y los que con él son;
con él están sus yernos, los infantes de Carrión.
Echado en un escaño, dormía el Campeador,
cuando algo inesperado de pronto sucedió:
salió de la jaula y desatóse el león.
(Anónimo, Cantar del Mío Cid)

Paranomasia: Es la colocación próxima en la frase de dos o más palabras fonéticamente parecidas (parónimos), para generar un efecto de contraste e intensificación.
- Ciego que apuntas y atinas,
caduco dios y rapaz,
vendado que me has vendido…
(Góngora)

Recursos basados en la sintaxis

Enumeración: Poco a poco se mencionan los términos que hacen a un todo.

- Según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, abusos que mejorar y deudas que satisfacer… (Cervantes, Quijote)

Hipérbaton: Consiste en invertir o alterar el orden sintáctico esperado.

- - Piramidal, funesta, de la tierra
nacida sombra, al Cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las Estrellas;
(Sor Juana Inés de la Cruz)

Recursos basados en el significado

Metáfora: Es la unión de dos términos que se relacionan entre sí sin nexos comparativos. Se emplea una palabra fuera de su sentido propio, en ausencia de otra palabra. Las hay puras e impuras. En las primeras, el término original está ausente: por ejemplo, la ciudad.

- Sobre el bosque gris veo morir al sol.
(Charly García)

En cambio, en las metáforas impuras, lo que se da es una comparación sin nexo.

- Tus manos, dos palomas que sienten frío.
(Homero Manzi)

Hipérbole: Consiste en agrandar o en disminuir exageradamente la verdad de una cosa.

- ¡Todo era amor… amor!
No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor.
No se podía hablar más que de amor.
(Oliverio Girondo)

Sinécdoque: Relacionar una parte con un todo. Se encuentran en el lenguaje coloquial y las utilizamos tanto que a menudo ni siquiera reflexionamos sobre ellas.
- Tomo un vaso de agua (en realidad, un vaso de vidrio con agua).
- Se aproximan cinco proas (en realidad, cinco barcos).
- China aumenta sus impuestos (en realidad, el gobierno de China aumenta sus impuestos).

Símil o comparación: Al igual que en la metáfora, se unen dos ideas, pero esta vez con un nexo comparativo.

- - Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.
(María Elena Walsh)

Personificación: Consiste en atribuir a un objeto inanimado una acción o estado humano.

- Las estrellas, celosas, nos mirarán pasar.
(Alfredo Le Pera).

Antítesis: Oposición, en el discurso, de palabras o ideas. Puede llevarse hasta la paradoja, en la cual la contradicción responde a un motivo lógico de fondo.

- Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
(Francisco de Quevedo)

Mariana para Blog de Libros 11/11/2009 | Artículos Varios | Comentarios (34)


Los poetas malditos

Un término que suena atractivo debido a su resonancia casi bíblica: ¿poetas malditos? ¿A qué se refiere este término? ¿Quiénes fueron (o quiénes son) los poetas a los que les cupo semejante apelativo o condena? ¿Y por qué están malditos? Todas éstas son las preguntas con las que se puede enredar un estudiante de escuela media, antes de enterarse de que el origen de este término tan curioso proviene del título de un libro de Paul Verlaine, él mismo considerado uno de los poetas malditos por excelencia.

A qué se llama poeta maldito

Un poeta maldito (en francés poète maudit) es un poeta que vive su vida por afuera de la sociedad o en directa confrontación con ella. El abuso de las drogas o el alcohol, la locura, el crimen, la violencia y en general cualquier conducta no aprobada por la sociedad son los típicos elementos que caracterizan la figura del poeta maldito. A menudo, sus vidas terminan de manera trágica y con muertes prematuras, con frecuencia no llegan a recibir un reconocimiento en vida sino que su figura se hace famosa póstumamente.
Ya al delinear la figura en general seguramente al lector más experimentado se le ocurran varios nombres del siglo XIX y XX, pero el primer poeta maldito –y su prototipo- es anterior. Se trata de François Villon, uno de los más importantes poetas del siglo XV, ladrón y vagabundo, cuya obra más conocida es La balada de los ahorcados. La escribió precisamente cuando aguardaba, en la cárcel, su propia ejecución, que finalmente le fue conmutada por el destierro de París. Nada más se supo de él desde aquel momento.

Orígenes del término

El término poeta maldito, sin embargo, no se utilizaba en los tiempos de Villon, y no se acuñó hasta el siglo XIX, precisamente en el año 1832 cuando Alfred de Vigny llamó en su drama Stello a los poetas “la raza que siempre será maldita por los poderosos de la Tierra”.
Sin embargo, el término devino de uso más frecuente cuando Verlaine publicó su libro Los poetas malditos, en 1888, una prosa poética en la que se rinde homenaje a seis poetas: Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes-Valmore, Auguste Villiers de L’Isle-Adam y Pauvre Lelian (anagrama de Paul Verlaine).

Otros poetas malditos

En un principio, el término se utilizaba solamente para designar a algunos de los seis poetas incluidos en el libro de Verlaine. Pero más adelante fue utilizándose para designar escritores (o artistas en general) cuyas vidas y arte están fuera o en contra de la sociedad. También se usa el término “malditismo”. El poeta y editor Pierre Seghers publicó una antología – “Poètes maudits d’aujourd’hui: 1946-1970″- recolectando trabajos de poetas del siglo XX tales como Antonin Artaud, Jean-Pierre Duprey y otros diez. El término también se utiliza fuera de Francia.
Hoy en día es muy común asociar el término “poeta maldito” a autores como Baudelaire –cuya poesía encarna el sufrimiento-, Edgar Allan Poe –que en vida fue definitivamente un poeta maldito-, Thomas Chatterton, el conde de Lautréamont, Émile Nelligan, John Keats, García Lorca y otros tantos.
La figura del poeta maldito, en los últimos años, apareció muy ligada al mundo del rock: Janis Joplin, Brian Jones –uno de los fundadores de los Rolling Stones-, Jim Morrison, Jimmy Hendrix y Kurt Cobain representan perfectamente la figura del artista cuya vida se consumió antes de tiempo y que pasa a ser leyenda.

Mariana para Blog de Libros 04/11/2009 | Artículos Varios | Comentarios (16)


Literatura de género

La lengua inglesa realiza una distinción entre genre (género entendido en el sentido literario, como la lírica, la narrativa, etc.) y gender (género entendido como el rol masculino o femenino asumido). Pero el español carece de esta diferenciación. De ahí que hablar de “literatura de género” pueda resultar confuso. En este artículo nos referiremos específicamente a la literatura como lugar de lucha y de resistencia por parte de las mujeres, a la literatura femenina y feminista y al concepto de género tal como lo entienden los estudios culturales.

¿A qué se considera “género”?

El género no implica solamente las diferencias sexuales biológicas visibles, sino que es una categoría mucho más amplia y compleja. En sociología, antropología y psicología, se usa para designar un conjunto de normas y de convenciones sociales referidas al comportamiento sexual de las personas. En efecto, la construcción social de las diferencias sexuales cambia de una época a la otra.
Los estudios de género forman parte de una tradición reciente en los Estudios Culturales iniciados en la década del 60 en universidades americanas e inglesas. Sin embargo, tienen antecedentes más antiguos. Ya en 1949 la intelectual francesa Simona de Beauvoir inicia el movimiento feminista con su famosa frase: “Una no nace mujer, sino que se hace mujer.” Hoy las reflexiones que comenzaron en aquel entonces están más instaladas en nuestra sociedad y han permitido a las mujeres conquistar lugares clave en la familia, en el mundo del trabajo y en el entorno académico.
Pero los estudios de género también se han abierto hacia otros campos: los estudios sobre la masculinidad y la diversidad sexual (gays, lesbianas, transexuales, bisexuales).

La literatura de mujeres

Por el nombre de “literatura de género” a veces se suele hablar de la literatura de mujeres. Los críticos suelen evitar la denominación “literatura femenina”, ya que ella transporta no solamente a creaciones literarias escritas por mujeres, sino más bien en textos destinados e impuestos al público lector femenino, que no siempre contó con el permiso de la sociedad para leer cualquier cosa (históricamente, se escribieron para las mujeres géneros como los tratados morales, pero también la novela rosa o el folletín, que muchas veces están firmados por un autor varón).
La literatura escrita por mujeres existe y existió siempre. Lo que ocurre es que la mujer, como producto social cultural, no ha tenido el mismo lugar que el hombre para ser reconocida como escritora. Como la genial Virginia Woolf cuenta en su famoso texto “Un cuarto propio”, la práctica de la escritura muchas veces era secreta, solía limitarse al ámbito privado y se superponía con las funciones que la sociedad patriarcal impuso a las mujeres: principalmente, el cuidado de los niños y ancianos, y las tareas domésticas.
La crítica literaria Elaine Showalter habla de la literatura escrita por mujeres en términos evolutivos: un primer estadio es la literatura “femenina”, en la cual las escritoras no iban más allá de lo que dictaban las normas; desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX se habla de literatura “feminista”, con la mujer saliendo al espacio público, y finalmente el estadio actual, la literatura “de mujeres”, donde los principales derechos se han conseguido y la escritora puede pasar a dar rienda suelta a su creatividad.
Existen estudios volcados a percibir las diferencias entre la escritura de los hombres y la de las mujeres, sin embargo no pueden observarse más que tendencias: nadie puede dictaminar que una mujer escriba de tal o cual modo, o que un hombre produzca una obra de tal o cual calidad. Sin embargo, como productos culturales, hombres y mujeres van dejando rasgos de su identidad en la obra, y ésta incluye entre otras su rol genérico en la sociedad. En cualquier caso, tratándose de literatura escrita por mujeres, es fundamental estudiarla partiendo desde las condiciones históricas desde las que tuvo lugar.

La importancia del reconocimiento de una categoría

Negar la existencia de una “literatura de mujeres”, “literatura femenina” o “literatura de género”, como hacen muchos críticos que no le otorgan un lugar especial en los libros de historia de la literatura o juzgan como menores los roles tradicionales de las mujeres escritoras –volcadas en los libros para niños, las traducciones o las críticas de obras famosas- equivale a pasar por alto la lucha que las mujeres hemos debido afrontar a lo largo de los siglos.
Una mujer no escribe igual que un hombre, no debido a condiciones biológicas sino culturales: la mujer no siempre tuvo la libertad para expresarse, para vivir de la escritura o para ser una figura pública con valor propio. Y cada escritora que la historia va dejando tuvo que escribir bajo la sombra de pertenecer a un género tradicionalmente marcado. De cualquier manera, hablar de literatura de mujeres nunca debe ser un menoscabo sino un reconocimiento de una producción que se llevó a cabo en condiciones muchas veces difíciles, que presenta recursos propios y que tal vez no alcanzó la misma circulación o difusión que si hubiera estado firmada por un hombre.
Lo que hace interesantes a los estudios de género en literatura es que nos enseñan las maneras en las cuales las mujeres de diferentes épocas han enfrentado, de forma diferente a los hombres de su tiempo, la escritura. En el gesto de una mujer del siglo XIX que escribía y firmaba con seudónimo masculino, queriendo borrar u ocultar su femineidad (es el caso de George Elliot o las hermanas Brönte) hay que leer una rebeldía, la búsqueda de libertad y el deseo de escapar a la opresión impuesta por la sociedad patriarcal.
Aún con los importantes avances históricos que la mujer ha hecho a lo largo de los dos últimos siglos, no hay que olvidarse de que la lucha continúa: miles de mujeres explotadas, privadas de su libertad o víctimas de la prostitución y el tráfico sexual nos recuerdan que aún falta mucho para lograr una verdadera igualdad que haga a ambos sexos equivalentemente libres.

Mariana para Blog de Libros 28/10/2009 | Artículos Varios | Comentarios (5)


La literatura africana

A pesar de la riqueza de sus formas y de su temática, la literatura africana es poco conocida por los lectores hispanohablantes en general. Esto se debe tanto a una de sus principales características –predominio de la oralidad- como también a la escasa difusión producto de la falta de imprentas y editoriales y el costo elevado de los libros para la renta media de un africano. A la vez, cuando un escritor africano se vuelca a escribir en su lengua materna, se topa con dificultades tales como poco público potencial, debido a que la alfabetización es, en algunos casos aún una novedad.
Vale la pena asomarse al mundo de las letras africanas y echar un vistazo a lo que tienen ara ofrecernos.

Influencias, géneros y temáticas

La literatura africana está marcada por tres herencias: los valores autóctonos de cada pueblo (cuyas delimitaciones no tienen por qué coincidir con fronteras políticas), el Islam y la cultura occidental producto de los largos años de colonización europea.
E cuanto a los géneros, la poesía (ya sea oral o escrita) representa la forma literaria más viva del continente. Ya sea escrita u oral -en cuya tradición ha habido siempre una alta proporción de autoras mujeres- la poesía es vista como un arma política capaz de transmitir enseñanzas además de ser una creación literaria. Por ello, las temáticas de los poemas pueden ser muy variadas. La novela, en cambio, es vista como una forma importada.
En la década del 30, los artistas africanos que vivían en Europa crearon el movimiento nacionalista cultural africano, que fue conocido más adelante por nombres como “negritud” o “autenticidad”. Se perseguía resistir la colonización de la mente africana y fue un movimiento tanto artístico como político. El principal representante fue el senegalés Sédar Senghor. Pero el movimiento se extendió y sumó a figuras tales como Jean-Joseph Rabeanvelo (Madagascar), Tchicaya U’Tamsi (Congo) y Yambo Ouologuern (Malí). Se impulsaba la defensa de una literatura propia, en contra del imperialismo cultural europeo.
Este movimiento se manifestó en temáticas dicotómicas tales como: la oposición del pasado y el presente africanos, el conflicto entre la tradición y la modernidad, la oposición entre el mundo propio y el extranjero, ente el individuo y la sociedad, entre el socialismo y el capitalismo, el dilema entre el desarrollo económico con ayuda exterior o la autosuficiencia en un desarrollo más lento pero sostenido, y la dialéctica entre la africanidad y la humanidad.
Para profundizar sobre estas temáticas recomendamos leer la “Historia General de Africa”, Ediciones de la UNESCO.

Literatura europea, literatura africana

A diferencia del concepto que nosotros, los americanos y los europeos, tenemos de la literatura primariamente como algo puesto por escrito, de acuerdo con George Joseph en su libro Understanding Contemporary Africa (Comprendiendo el África contemporánea), el concepto africano de literatura incluye también la literatura oral. Ésta última tiene mucho peso para la tradición de los numerosos pueblos que habitan el continente, se transmite de boca en boca y puede ser tanto prosa como verso. Existen narradores orales tribales conocidos como griots, cuyo rol principal ha sido preservar la genealogía y las tradiciones de cada tribu. Narran cuentos, poemas y rapsodias, a veces de su invención y otras veces recogidas de una tradición milenaria. Muchas veces acompañan su poesía con música. Además de narrar historias, cantan canciones de amor o de trabajo, canciones para niños, cuentan acertijos, proverbios y epigramas.
La literatura oral en prosa suele ser mitológica o histórica, y en ocasiones incluye cuentos o fábulas de un “embaucador”: un animal pequeño pero astuto que consigue engañar a otros más grandes con sus trucos.
La importancia de la tradición oral no es la única diferencia entre lo que comúnmente entendemos como literatura y lo que los africanos tienen por tal. La visión europea de la literatura suele separar la forma y el contenido. Mientras tanto, la literatura africana, sin por ello negar el uso artístico de la palabra, encuentra la belleza cuando las palabras también se usan para comunicar verdades importantes y ayuda a construir una comunidad.

Mariana para Blog de Libros 21/10/2009 | Artículos Varios | Comentario (1)


Libros recomendados de las novedades de 2009

En Blog de Libros dedicamos buena parte de nuestro espacio a informar a los lectores acerca de las novedades que se han ido publicando. En esta ocasión, decidimos profundizar un poco más y recomendar en particular aquellas novedades que despertaron nuestro interés, nuestra curiosidad y que merecen algo más de atención por determinado motivo. O bien que recibieron elogios calurosos de nuestros lectores al publicarse la novedad. En cualquier caso, queda abierta la lista para las sugerencias de las que cada uno quiera dejar constancia.

El sonido es vida. El poder de la música, de Daniel Barenboim. Se trata de un libro que combina de manera muy adecuada el discurso técnico propio de los músicos profesionales con el relato humano de alguien que ha vivido siguiendo un ideal, y que además ha hecho todo lo que estaba en sus manos por conseguir hacerlo realidad. El capítulo sobre los dos palestinos (uno árabe, otro israelí) que consiguen sobreponerse a sus diferencias para integrar juntos la Orquesta del Diván de Oriente y Occidente bien vale la lectura del libro. Por lo demás, el maestro Daniel Barenboim realiza un recorrido por su trayectoria como músico que seguramente interesará a todos los melómanos. Definitivamente, una novedad para recomendar.

El viaje del elefante, de José Saramago. A quienes venían siguiendo la carrera literaria del ganador portugués del Premio Nobel, seguramente no les habrá pasado desapercibida esta novedad. Al lado de títulos prescindibles como Las intermitencias de la muerte o Ensayo sobre la lucidez, el Saramago de El viaje del elefante vuelve a sumergirnos en un tiempo pasado lleno de magia, sin por ello dejar de deslizar algún tipo de denuncia social. La clase aristocrática portuguesa y sus decisiones absurdas y caprichosas simbolizadas en los periplos de un pobre elefante que cruza medio continente para obedecer designios reales.

Que tengas una vida interesante de Ana María Shua. Una escritora argentina a la que vale la pena conocer. Si bien tiene en su haber narraciones más extensas, es en el cuento (y en el microrrelato, cuentos mínimos de pocos renglones) donde más se luce su maestría en el arte de narrar. Historias pequeñas que caben en la palma de la mano, pero en las que pueden hallarse argumentos sorprendentes e inolvidables. Dominio de la palabra al punto de que no depende de construcciones estrambóticas o de adjetivación excesiva para llegar al lector.

Amanecer, de Stephenie Meyer. Independientemente de las críticas (que no han sido demasiado benignas con la joven autora), el fenómeno de esta saga excede lo meramente literario. Autoras como Stephenie Meyer o la famosa J. K. Rowling (la “mamá” de Harry Potter) tienen el mérito de conseguir lo imposible: que los adolescentes lean. Que relean. Que quieran seguir leyendo. Por supuesto, venden, esas son las reglas del juego. Pero más allá de lo comercial, no hay que restarles el mérito que les corresponde.

La reina en el palacio de las corrientes de aire, de Stieg Larsson. Confieso que aún no he leído la trilogía Millenium, que acá en Argentina salió a la venta con un precio muy elevado (¿alguien se ofrece a regalármela?). Pero debo destacar esta novedad por el impresionante éxito de ventas que ha tenido en el mundo y por los fanáticos que Larsson, de manera póstuma, ha sabido cosechar. Este tercer volumen hubiera sido tan sólo uno de una saga mucho más larga (de diez libros), pero la muerte sorprendió a los cincuenta años a este autor sueco.

La isla bajo el mar, de Isabel Allende. Libro muy esperado de la escritora chilena. Su último libro, La suma de los días, había sido publicado en 2007, y sus lectores estaban impacientes por leer su nueva obra, que trata sobre el pasaje de la esclavitud a la libertad. Solamente con sus seguidores incondicionales (que no son pocos) se augura un gran éxito de ventas. ¿Se corresponderán las expectativas generadas con la calidad del libro?

¿Qué es Japón? Introducción a la cultura japonesa, de Fernando Cid Lucas. La cultura nipona genera en Occidente una gran curiosidad. Muchos elementos de la misma ya forman parte de nuestra vida cotidiana a través del manga, el animé, el sushi, el karaoke y el cine. Pero para conocerla verdaderamente en profundidad, no hay nada mejor que una explicación amena y clara por parte de un especialista. Y el editor de este volumen es un conocedor y, lo que es más importante, un verdadero apasionado.

Mariana para Blog de Libros 14/10/2009 | Artículos Varios | Comentario (1)