Cien años de soledad de Gabriel García Márquez

¿Qué hace que una novela de la que inicialmente se publiquen 8000 ejemplares, se convierta en uno de los libros más leídos de la historia? Cien años de soledad ha sido comparada incluso con El Quijote, y aclamada por los grandes escritores de la talla de Neruda, Benedetti o Vargas Llosa como una de las más grandes obras de la narrativa universal.
Con esta extensa novela, Gabriel García Márquez puso a la narrativa latinoamericana en foco ante los lectores de todo el mundo, continuando lo que se conocía ya entonces como el boom de la literatura latinoamericana. Además, vigoriza un género de gran éxito entre los lectores, el así llamado realismo mágico, de los cuales este autor colombiano es considerado uno de los mayores exponentes.
En Cien años de soledad, García Márquez inventa un mundo: el pueblo de Macondo, en algún lugar de Colombia, que ha sido leído como una metáfora de todo el país (y hasta de toda América Latina). A lo largo de las páginas de la novela, se narra la saga de una familia, los Buendía, vinculados con la historia de Macondo, desde su fundación hasta su destrucción total. José Arcadio Buendía y su mujer Úrsula forman parte de los primeros habitantes del nuevo poblado, y sus hijos, sus nietos y demás descendientes son quienes pueblan las páginas de esta novela.
La guerra, los avances de la ciencia (traídos al pueblo en manos de los gitanos), la fiebre del banano, las distintas epidemias, las construcciones, la llegada del ferrocarril, todo esto tiene lugar en Macondo. Se intercala la historia del pueblo con las desventuras de la familia Buendía, en las que no faltan los celos, el incesto, el crimen, la muerte y la soledad que marca a todos y cada uno de sus integrantes.

Opinión personal: Cien años de soledad es una obra que, más allá de las preferencias personales de cada uno, marca un antes y un después en la literatura latinoamericana. En lo personal me divirtió descubrir todas las influencias que García Márquez ha tenido en autores posteriores y me deleité con algunos pasajes sencillamente sublimes, como el ascenso al cielo de Remedios, la bella.